En cuanto uno se informa de lo sucedido, en definitiva asesinato de guerrilleros -algunos le llamarán terroristas, pero ese no es el centro de la polémica- en territorio Ecuatoriano, el cuál fue violado por tierra y aire.
De inmediato se viene a la mente la doctrina impulsada por Estados Unidos: defender los intereses de su país en cualquier lugar del mundo, por ende el legítimo derecho de entrar en otras naciones. En nuestro continente el listado de intervenciones es larga, desde aquellas camufladas, apoyo a golpes de estado, a intervenciones directas, Granada, Panamá, R. Dominicana?
Valiéndose del mismo argumento, lo expresó abiertamente el Canciller colombiano, que la acción militar en Ecuador fue en defensa de los intereses de Colombia. Si esa doctrina prosperara, y no como ha sido condenada hasta ahora, este mundo sería aún más agresivo, ya no tendría razón de ser el que exista fronteras y simplemente la ley del más fuerte, el camino directo a la guerra.
Curiosamente, por decirlo así, este hecho sucede cuando la popularidad internacional del Presidente Chávez aumenta a raíz de su intermediación, y los familiares de los raptados por las FARC se ilusionan de avanzar por un camino pacífico a la libertad de sus parientes.
Cuando el Presidente Uribe busca una nueva reelección y es cuestionado externa e internamente por buscar el empleo de la fuerza contra las FARC.
¿Habrá logrado un golpe mortal a la organización matando al posible sucesor de Marulanda, líder de las FARC? Difícilmente, pero por el contrario logró un efecto dominó, en que no sólo se perdió el espíritu de paz, con las FARC y posibles negociaciones, sino que ahora estamos más cerca del enfrentamiento bélico entre naciones hermanas, y las relaciones diplomáticas en punto casi muerto.
Es un momento importante, ya que depende especialmente de nuestros pueblos el legitimar la doctrina de la defensa de los intereses en cualquier lugar, o por el contrario hacer ver que el Gobierno de Colombia cometió un grave error, que incluso podría ser calificado como delito, meterse en la soberanía de otro país persiguiendo, defendiéndose según Uribe, a un grupo calificado de enemigo.
Esa lógica nos induce a que el día de mañana se puede invadir otra frontera, por ejemplo Chile la peruana, o Argentina la nuestra, o Perú la ecuatoriana persiguiendo a delincuentes contrarios a los intereses nacionales.
Más importante, es que estamos en un momento de ánimos calientes, en que la pasión latinoamericana puede jugar en contra, no necesariamente en llegar a lo bélico pero sí en lo diplomático y terminar de romper las buenas relaciones que se han venido generando en Sudamérica.
El pueblo colombiano tiene una tarea fundamental, de tomar consciencia sin ánimos de apasionamiento y nacionalismos fáciles y comprender que su Gobierno cometió un grave error, que da pie para una escalada ya que Colombia movilizará tropas para cuidarse, pero debe vigilar los dos frentes, el oriente Venezuela, el poniente Ecuador. ¿Y si pide ayuda a Estados Unidos? En definitiva, es deber urgente de los demás países de la Región lograr frenar cualquier acercamiento a lo bélico, que se quede todo situado en un conflicto diplomático el cuál tomará bastante más tiempo arreglar y reponer las confianzas.
Chile y el resto los países de Sudamérica no pueden mirar al techo, en la doctrina de no inmiscuirse en asuntos de otros países, este es un conflicto regional en el contexto de la globalización.
Lo claro es que en este tipo de situaciones nadie sale ganando, ahora debemos ver quién perdió menos.
Gonzalo Meza Allende
Director
Consultora Opinión


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