En estos días se han visto muy preocupadas a diversas autoridades de organismos internacionales, ya sea bancos, de Naciones Unidas y otros como por ejemplo la OMC, todos muy inquietos por la crisis alimentaria que habría sobre los seres humanos que habitamos este planeta.
Sin embargo, hay dos elementos que analizar a fondo. El primero, que es consecuencia del segundo, pero vamos por partes. Se sigue confundiendo, o priorizando el indicador del crecimiento versus el de la distribución para señalar que un país o a una región, incluso al mundo, le va a ir bien o mal.
Por eso es frecuente ver en las noticias, cuánto se crecerá, sea a nivel mundial, regional o nacional, y por ende de allí que las autoridades gubernamentales o bancarias toman decisiones de subir o bajar los intereses, y de sentirse complacidos si su país estará por sobre el promedio del crecimiento de la región o a nivel internacional.
Lo que omiten las noticias y sus analistas, es cuánto avanzará o retrocederá la distribución del ingreso. A veces algunos medios relatan testimonios desgarradores de pobreza; pero los que hoy tiene poder de decisión sobre muchos no se concentran de manera seria en la distribución. Y ¿por qué es importante la distribución? Porque nos indica que en momentos de recesión, crisis, alza de precios los más pobres se harán más pobres y los ricos incluso aumentarán sus ganancias, y de esta manera crecerá la cantidad de veces que los de mayores ingresos estarán por sobre los más pobre; incluso con una clase media que cada día se empobrece más, y está más cerca de los más pobre que de los más acomodados.
Mientras más rojo el color más desigual y mientras más verde menos desigual.
Por eso, cuando hay una supuesta crisis alimentaria a nivel mundial, no es tal. Nuestro planeta aún produce en alimentos básicos más de lo que consumimos a diario. El punto es que no está bien distribuido. Y frente al encarecimiento de ciertos productos, desde luego que el 80% de la humanidad está en condiciones desfavorables para enfrentar la subida de precios. Lo que conllevará varias movilizaciones de protesta en muchos países, por diferentes causas en que se sientan afectados, desde los transportistas en Estados Unidos que hoy marchan frente a la Casa Blanca, hasta cambios de intenciones de voto en muchos países, protestas alrededor de la orbe. El tema es lógico, los ingresos no suben como los precios, o los costos suben más de lo que un pequeño empresario puede sostener.
Pero el tema de crecimiento y distribución tiene un origen más profundo, son consecuencia del sistema en que estamos viviendo, uno en que la lógica de la oferta y la demanda predomina? y como no hay para todos, entonces hay que competir, entre personas, empresas, países.
La paradoja es que sí hay para todos, pero en la lógica de la libre competencia no importa que algunos se hagan millonarios y que millones tengan algo para sobrevivir, según sus creyentes: la oferta y la demanda teóricamente arregla estas situaciones. En cambio la realidad dice otra cosa: cada vez mayor desigualdad en el mundo.
Dicho de manera clara: el sistema neoliberal no soluciona la desigualdad, ni la cobertura de las necesidades básicas de la mayoría de la población mundial. Estamos entrando paradójicamente, hablando de oferta y demanda, en un exceso de demanda por productos básicos no renovables, petróleo, gas, cobre y otros, que hacen que sus precios suban, pero como son materias primas que terminan en la elaboración de productos sofisticados el precio de todo se incrementa, y también el de la producción de alimentos.
Incluso los países subdesarrollados en los que aumentan sus ingresos por sus materias primas, no hay una adecuada distribución de estas mayores ganancias. Se busca dar una ayuda a los más afectados, subsidios, baja de precios temporales, repartición de alimentos -por cierto insuficientes- o envío de cheques como el caso de Estados Unidos, que insiste que estimulando el consumo, se frenará una crisis, como la que ya analizamos en el artículo anterior, y el tema no pasa por estimular el consumo o ayudar a los más pobres, cuando en este momento se están reuniendo 27 agencias internacionales bajo el patrocinio de la ONU para ver cómo se les da alimento a los más pobres, pero no se aborda el tema de fondo, soluciones a mediano y largo plazo que cuestionen lo mal que hoy funciona la economía mundial.
Ya los distintos organismos mundiales, pronostican que entre un 5% a un 10% de la población mundial, vale decir entre 65 y 130 millones de personas más que entrarán en la crisis alimentaria, entonces es momento también de cuestionarse mejoras o alternativas a un sistema que lleva en su raíz la desigualdad, bajo la filosofía de la competencia, por ende desconfianza creciente, entre las personas, cuando en estricto rigor, no sólo alimentos, sino que todos los bienes y servicios necesarios para llevar una vida digna, en lo material, existe, pero lo que falla es la distribución, por la lógica de que hay ganadores y perdedores.
Gonzalo Meza Allende
Director
Consultora Opinión







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